América Latina: una encrucijada, varios caminos – Parte 2

La opción del socialismo del siglo XXI

Es ante esta lamentable situación que nuestra América Latina se enfrenta a diferentes propuestas de cambio. La primera y más atrayente, la que sacude al Continente, es el llamado “socialismo del siglo XXI”, un viejo canto de sirena tocado en una nueva clave populista.¿En qué consiste?

– En esencia, en retomar paulatinamente la fórmula del colectivismo estatista en el terreno económico y en suprimir las libertades democráticas en el campo político.

– Es la vuelta al Estado-empresario, pese a la horrenda tradición de corrupción, despilfarro, nepotismo e ineficiencia que dejó a su paso por la historia latinoamericana del siglo XX.

– Es el control de precios y salarios dictado por funcionarios tan arrogantes como ignorantes, convencidos de que saben lo que hay que producir, cómo hay que producirlo, quién debe consumirlo y en qué condiciones.

– Es la pulverización paulatina de la sociedad civil y de sus estructuras espontáneamente generadas a través del tiempo, sustituyéndolas por organizaciones estabularias concebidas para encerrar a la sociedad con el objeto de controlarla eficientemente.

– Es la militarización creciente de las personas incardinándolas en milicias civiles dedicadas a la vigilancia y la coerción.

– Es la demolición total de las estructuras institucionales republicanas, con los clásicos tres poderes que se equilibran para limitar la autoridad de los gobernantes.

– Es el abandono del pluripartidismo y su sustitución por un partido único que hará metástasis por el cuerpo social, contaminando y corrompiendo todo lo que toque y controle.

– Es una variante del modelo militarista islámico que Nasser y Gadafi ensayaron en el Medio Oriente, donde el caudillo militar o civil se vincula con las masas para guiarlas a su antojo por medio de la correa de transmisión de las Fuerzas Armadas, con el apoyo propagandístico constante de los medios de comunicación, previamente controlados.

– Es la construcción de enemigos artificiales, como Estados Unidos o Europa Occidental, para tratar de galvanizar a la sociedad detrás de esa corriente de odio disfrazada de nacionalismo.

– Es, en general, el rechazo visceral al Occidente próspero, impulsado e instrumentado por las técnicas de propaganda del viejo comunismo de la Guerra Fría, más los procedimientos de legitimación populista diseñados por Fidel Castro con sus batallones de médicos, maestros y deportistas, una operación de relaciones públicas y mercadeo político denominada misiones, a la manera del catolicismo tradicional.

– Es la organización de turbas paramilitares que intimiden a la sociedad mediante el uso de pogromos para someterla a la obediencia y hacer abortar cualquier brote de rebeldía.

– Es el modelo de “solidaridad orquestada” para suscitar respaldo internacional, desarrollado por la KGB en los tiempos en que la URSS experimentaba un fuerte espasmo imperial y necesitaba proyectar su imagen en el exterior.

– Es la constitución de un bloque antioccidental, remedo de la Guerra Fría, que preconiza la hostilidad al Primer Mundo y sueña con su liquidación eventual.

– Es la asociación internacional con el radicalismo islámico para atacar los intereses de Occidente, calumniando, de paso, a Israel y a los judíos en una franca campaña antisemita.

– Es el respaldo a las narcoguerrillas comunistas sudamericanas o a cualquier violento movimiento radical.

– Es un híbrido folclórico y vistoso, muy simpático para los ojos de los progres del Primer Mundo, con ingredientes de Juan Domingo Perón, Getulio Vargas, Velasco Alvarado, alusiones a Lázaro Cárdenas y a los corridos de la revolución mexicana, camisetas del Che, retratos de Sandino, y confusas referencias a ideólogos de distintos calibres, como Antonio Gramsci, Norberto Ceresole, Marta Harnecker, Heinz Dieterich, Noam Chomsky, James Petras y otros elucubradores de esa cuerda delirante que continúa reivindicando el marxismo con una total indiferencia a la devastadora experiencia producida por la puesta en práctica de esas ideas erróneas durante el doloroso siglo XX.

– Es, en suma, la mayor cantidad de comunismo soviético que permiten las circunstancias tras la desaparición de la URSS, pero ahora con su centro operativo situado en el eje Caracas-La Habana, como explicó el canciller cubano Felipe Pérez Roque en un discurso pronunciado en Venezuela en diciembre de 2005.

(continua)

Publicado em “Libertad Digital”

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