América Latina: La guerra contra los rankings universitarios

Enojados porque los principales rankings internacionales no incluyen a ninguna universidad latinoamericana entre las mejores 100 del mundo, varios países de la región han optado por un remedio insólito: crear un ranking regional que excluya las instituciones del resto del mundo.

Una agencia regional de educación superior de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) conocida como IESALC, realizó una reunión en Buenos Aires, Argentina, el 6 de mayo, para acelerar el proyecto de crear el nuevo ranking universitario regional. Según el informe de la IESALC, los países de la región consideran que los rankings internacionales no se ajustan a “los estandares y necesidades” de las universidades latinoamericanas.

¿Se trata de una buena idea? ¿O es un burdo intento de algunos gobiernos latinoamericanos para escaparle al problema de salir últimos en los rankings internacionales?

Antes de responder estas preguntas, veamos los datos. Hay tres rankings principales de las mejores universidades del mundo, realizados respectivamente en Gran Bretaña, Estados Unidos y China. Entre sus resultados más recientes se cuentan:

-El ranking de las mejores universidades del mundo 2010-2011 del Suplemento de Educacion Superior del Times, de Gran Bretaña, está encabezado por la Universidad de Harvard y otras universidades estadounidenses, e incluye instituciones de educación superior de China, Sudáfrica y Turquía. No incluye a ninguna universidad latinoamericana entre las 200 mejores del mundo.

-El ranking estadounidense de la revista U.S. News and World Report/QS World University 2010, encabezado por Harvard, tampoco consigna a ninguna universidad latinoamericana entre las 200 mejores del mundo.

-El ranking de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, China, también está encabezado por Harvard y otras universidades estadounidenses. La institución latinoamericana que ocupa el puesto más alto es la Universidad de Sao Paulo, Brasil, colocada entre las instituciones agrupadas entre los puestos 101 y 150.

Casi todos estos rankings se basan en una combinación de indicadores que incluye evaluaciones académicas de pares, número de estudiantes por docente, encuestas realizadas a empleadores de los estudiantes, número de citas de investigadores aparecidas en trabajos académicos, y el número de profesores y estudiantes internacionales en cada institución.

Pero Pedro Henríquez Guajardo, director de la IESALCO, la agencia regional de la UNESCO con sede en Venezuela, me dijo que “estos rankings no satisfacen los requerimientos de la region, porque utilizan indicadores muy poco aplicables” para las universidades latinoamericanas.

Los críticos dicen que estos rankings internacionales son tendenciosos porque no toman en cuenta el rol social de las universidades latinoamericanas a favor de las clases mas necesitadas. Asimismo, los rankings globales favorecen a las naciones angloparlantes, porque muchas de las entrevistas a los academicos son realizadas en inglés, y la mayoria de las publicaciones académicas están escritas en inglés, afirman.

Además, las universidades latinoamericanas tienden a ser mucho más grandes que las de otras partes del mundo, y por lo tanto salen mal paradas cuando se usan indicadores como el número de profesores por alumno, agregan.

Cuando le pregunté qué opinaba de estas críticas, el director del Ranking del Suplemento de Educación Superior del Times, Phil Baty, me dijo que las evaluaciones academicas se basan en encuestas a 13,000 docentes universitarios en todo el mundo, realizadas en nueve idiomas, incluyendo el español y el portugués.

En cuanto a los trabajos de investigación académicos, Baty dijo que -nos guste o no– “tenemos que aceptar la realidad de que el inglés es la lengua principal de la investigación cientifica en la actualidad”.

Mi opinión: Los criticos tienen razon cuando señalan que los rankings internacionales no contemplan algunas caracteristicas propias de las universidades latinoamericanas. Sin embargo, crear un ranking regional a gusto y medida de la región es un error, que solo ayudará a escaparle al problema de fondo.

Hay que compararse con el resto del mundo, porque no hay manera de que los países podrán competir en la economía global del conocimiento si carecen de universidades de nivel mundial.

El hecho de que los rankings existentes den prioridad a los trabajos académicos en inglés no es una excusa válida: China, Japón, y Corea del Sur hablan otros idiomas, y hasta tienen otros alfabetos, y sin embargo salen muy bien parados en las listas de las mejores universidades del mundo.

En China, el gobierno ha anunciado oficialmente su meta de “internacionalizar” las universidades, y toma muy en serio los rankings internacionales. Los países latinoamericanos deberían hacer lo mismo, y usar los rankings internacionales como un factor movilizador para mejorar su enseñanza superior, como ya lo están haciendo algunas universidades de la región.

Negar la validez de los rankings globales es como retirarse de la Copa Mundial de fútbol para competir solamente en el vecindario. Es una receta para la autocomplacencia, que dejará a nuestros países cada vez menos preparados para competir con el resto del mundo.

Publico em “El Nuevo Herald”

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