Brasil ha estado apuntando al crecimiento, no al desarrollo

Hasta hace muy poco, Brasil pensaba que había ideado un modelo económico que agrupaba alto crecimiento e inclusión social, pero no lo ha hecho. Es erróneo suponer que el conjunto de políticas que el país ha implementado en los últimos años para impulsar su economía y mejorar los datos sociales constituye los pilares de un modelo de desarrollo.

Lo que sí existe en Brasil, que se remonta más allá de los años de administración del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), es un intento cíclico para promover el crecimiento que constituye un patrón. Se basa en el apetito del mercado interno de Brasil por los niveles de consumo más altos. En efecto, el patrón ha estado acompañado en los últimos 10 años por mecanismos de distribución de ingresos que mejoraron la vida de millones de personas. Sin embargo, están dirigidos a la mitigación de la pobreza -no a aumentar la productividad- y, por lo tanto, no son motores de un desarrollo sostenido en el tiempo.

Los modelos económicos y los patrones son cosas muy diferentes. Los primeros son de naturaleza estratégica y dinámica. Incluyen un plan, una visión bien estructurada del futuro. Los últimos son tácticos y recurrentes, y reaccionan a los cambios en la economía mundial. Los modelos dicen relación con el desarrollo. Los patrones, con el crecimiento.

En cuanto a la formulación de políticas, muchos aún creen que es posible que Brasil siga expandiendo su economía a tasas impresionantes fomentando el consumo interno. Brasil ya ha aplicado esos mecanismos en el pasado.

Aunque la economía no responde positivamente a un estímulo u otro, hay muchas restricciones para que un patrón de crecimiento se convierta en un modelo de desarrollo. Brasil presenta bajos niveles de ahorro e inversión, una legislación fiscal y laboral obsoleta y cuellos de botella en infraestructura. Al mismo tiempo, se ubica detrás de sus competidores en materia de educación, ciencia y tecnología.

Brasil tiene que elegir un modelo de desarrollo y adoptarlo incondicionalmente. Los pagos de intereses, las pensiones y los salarios del sector público impiden que Brasil siga un camino de desarrollo pavimentado por la ciencia, la tecnología, la innovación, el capital inicial y el espíritu emprendedor. El país tiene dificultades para armar una lista de prioridades y sacrificarse por ellas. Sin embargo, Brasil presenta condiciones claras para que la vieja economía construya nuevas competencias.

Esto necesariamente involucraría la gran cantidad de sectores en los que Brasil tiene ventajas comparativas: agroindustria, minería, petróleo en aguas profundas y biocombustibles. Estas deben ser las bases para que una nueva plataforma económica genere excedentes y atienda la creación de nuevas ventajas competitivas en nanotecnología, bioingeniería, biotecnología, química fina, nuevos materiales y robótica. Estas son las áreas que pueden llevar a Brasil a la vanguardia de los mercados emergentes.

La reinterpretación actual de las políticas de sustitución de importaciones en Brasil es un buen ejemplo de la diferencia entre un modelo de desarrollo y un patrón de crecimiento. Casi todas las experiencias en desarrollo industrial en todo el mundo han recurrido a algún tipo de sustitución de importaciones. Esto es casi una parada necesaria para la creación de capacidad local.

Sin embargo, la sustitución de importaciones no puede ser vista como una regla eterna. Solo debe aplicarse a nivel de una industria incipiente a fin de permitir que un determinado sector de la economía compita internacionalmente.

La construcción de un modelo de desarrollo requiere por lo menos tres componentes: voluntad política, disponibilidad de capital y un buen diagnóstico de la situación actual del mundo.

Los políticos brasileños siempre han sido criticados por su falta de voluntad política para el cambio. Pero es difícil pensar en alguien como la presidenta Dilma Rousseff privada de la voluntad de construir un acceso directo al desarrollo y, por lo tanto, impulsar a Brasil hacia un estatus socioeconómico mucho mayor. La presidenta Rousseff es cada vez más consciente de la importancia de la innovación y de lo fundamental que es reposicionar competitivamente a Brasil en el ámbito de la llamada economía del conocimiento.

No obstante, el Brasil contemporáneo sigue confundiendo el patrón de crecimiento provocado por incentivos específicos para el consumo y la protección de la industria con un modelo que permite aumentar la productividad y el desarrollo económico sostenido. Embarcarse en un esfuerzo serio para aprobar las tan necesarias reformas estructurales sería el mejor estímulo que el Gobierno brasileño podría ofrecer a todos aquellos dispuestos a ayudar al país a desarrollar su potencial al máximo.

Fonte: Business News Americas

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