Los 100 “más influyentes’’

El hecho de que la nueva lista de la revista Time de las 100 Personas más Influyentes del Mundo incluya tan sólo a dos latinoamericanos plantea una pregunta interesante: si Latinoamérica es completamente irrelevante, o si la revista de 88 años de vida vive en un mundo del pasado, en el que Nueva York era el único centro del planeta.

La lista de la revista está encabezada por Wael Ghonim, el joven ejecutivo egipcio de Google que desencadenó la revuelta popular que derrocó al ex dictador egipcio Hosni Mubarak, seguido por empresarios, inventores, artistas y personalidades del deporte, casi todos ellos estadounidenses.

Entre los que ocupan los primeros puestos se cuentan el economista de la Universidad de Columbia y premio Nobel Joseph Stiglitz, el fundador de la empresa de alquiler de películas por internet Netflix, Reed Hastings; el educador de Harlem, Nueva York, Geoffrey Canada, y el fundador de la red social Facebook, Mark Zuckerberg.

Pero los dos únicos latinoamericanos que integran la lista son la presidenta brasilera Dilma Rouseff, en el puesto número 27, y el jugador de fútbol argentino Lionel Messi, en el puesto 86. Comparativamente, pude contar siete africanos en la lista, casi todos ellos relacionados con las recientes insurrecciones en África del Norte.

¿Latinoamérica ha desaparecido del mapa?, les pregunté a varios economistas y politólogos. Casi todos ellos soltaron una carcajada, y dijeron que no se puede tomar en serio la lista de Time. Resulta difícil explicar por qué no incluyó al magnate mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo y dueño, entre otras cosas, de una buena parte del New York Times. O al magnate brasilero Eike Batista, el octavo hombre más rico del planeta, según la revista Forbes.

O a Shakira, la cantante colombiana que se cuenta entre las más famosas y acaudaladas del mundo, y que fue elegida para cantar en la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol del año pasado en Sudáfrica. O al reciente ganador del Premio Nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa, cuyas obras se leen en todo el mundo. O al artista colombiano Fernando Botero. La lista podría ampliarse con suma facilidad.

Incluso si uno mira el mundo desde una perspectiva norteamericana, Estados Unidos exporta a Latinoamérica tres veces más que a China, y depende mucho más de la región para sus importaciones de petróleo que de Arabia Saudita.

Pero aunque los editores de Time tienen una visión miope del mundo, también es cierto que Latinoamérica no ha logrado quebrar el estereotipo existente en algunos sectores del mundo desarrollado, de que la región no va para ninguna parte. Muchos en Estados Unidos, Europa y China ven a Latinoamérica como un gigante dormido, que parece empezar a despertarse cuando suben los precios de las materias primas, pero vuelve a su letargo cuando esos mismos precios bajan. Entre los datos que podrían avalar una visión desesperanzada del futuro de la región:

-El porcentaje de la economía mundial que corresponde a Latinoamérica ha quedado prácticamente estancado en las últimas cinco décadas: paso del 6 por ciento del producto bruto mundial en 1960 al 7 por ciento actualmente, según los “Indicadores de Desarrollo Mundial 2011’’ del Banco Mundial. Comparativamente, la proporción de China se duplicó del 4 al 8 por ciento en el mismo periodo.

-La reducción de la pobreza en Latinoamérica ha sido marginal en las últimas tres décadas. Mientras que China redujo su porcentaje de pobres -personas que viven con menos de $1.25 diarios – del 84 al 16 por ciento de su población desde el año 1981, Latinoamérica solo redujo su porcentaje de los más pobres del 12 al 8 por ciento desde ese mismo año, según los datos del Banco Mundial.

-La proporción latinoamericana de las inversiones mundiales en investigación y desarrollo es penosa. Sólo el 2.3 por ciento de todas las inversiones mundiales en investigación y desarrollo se hacen en Latinoamérica, comparadas con el 36 por ciento en Estados Unidos y Canadá, el 31 por ciento en Europa, y el 28 por ciento en Asia, según los indicadores de la Red Ibero-americana de Ciencia y Tecnología (RICYT).

Mi opinión: Los editores de la revista Time viven en un mundo que ya no existe, en que todo lo que importaba ocurría únicamente en Estados Unidos. No puedo creer que seriamente crean que el alcalde de Newark, o el gobernador de Nueva Jersey —que aparecen en puestos altos de la lista— son más influyentes que Slim, o que Shakira. Lo único bueno del despiste de Time es que podría ayudar a que muchos latinoamericanos se den cuenta de que, contrariamente a lo que suelen decirles sus presidentes, la región aún debe convencer al mundo de que se ha convertido en un actor global de primera línea.

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