Voy a compartir con ustedes, resumidas, varias conversaciones interesantes que he sostenido con diplomáticos acreditados en Cuba y en Venezuela, con empresarios extranjeros que viajan a los dos países frecuentemente y mantienen relaciones con funcionarios de alto nivel de uno y otro régimen, y con familiares de miembros de las nomenclaturas cubana y venezolana.

También, claro, me voy a servir de informaciones suministradas por cubanos que trabajaron (y en algunos casos trabajan) en Venezuela en puestos de gran responsabilidad por cuenta del Gobierno de Raúl Castro. Como quiero además homenajear a Carlos Castañeda –el más completo y eficaz periodista que haya tenido Cuba–, voy a volcar esta información en forma de preguntas y respuestas, la clásica fórmula de la entrevista periodística. Siguen, pues, diez preguntas que involucran a ambos países, con sus correspondientes respuestas.

¿Por qué, pese a la ayuda venezolana, la situación financiera de Cuba es tan mala y el Gobierno no cumple con los compromisos económicos establecidos con los empresarios radicados en la isla?

Cuba tiene una base productiva raquítica. El país produce muy poco y apenas exporta. El valor de lo que produce es mucho menor que el costo mínimo de lo que debe consumir para mantenerse de una manera razonable. Esa diferencia entre lo que produce y lo que consume suele solventarla con créditos que no paga o con los subsidios que recibe del exterior. Como consecuencia de estos incumplimientos, cada cierto tiempo tiene que llegar a arreglos con organismos internacionales a los que resulta muy oneroso engañar. De manera que, cuando se vencen los plazos de pago y el país tiene que afrontar esas grandes deudas, inevitablemente llega el momento en que deja de pagar a los empresarios locales o se apodera de los depósitos en divisas que hay (o había) en la banca local.

Desde hace casi un par de años estamos en uno de esos períodos de absoluta falta de liquidez. Pero las consecuencias de incumplir con los empresarios extranjeros locales o con los pocos exportadores que han extendido crédito a Cuba son muy severas. Quienes ya están en Cuba lamentan haber caído en la trampa. Quienes son invitados a invertir se lo piensan cuidadosamente, porque ya saben lo que les espera. Venezuela no puede rescatar a Cuba de esta situación.

¿Qué ocurriría si súbitamente desapareciera el subsidio venezolano y Cuba dejara de recibir el petróleo y los petrodólares de Hugo Chávez?

La respuesta a esta pregunta me la dieron con una expresión tajante: “Cuba volvería al Paleolítico. Sería peor que cuando desapareció el subsidio soviético, a principios de los años 90”.

La dependencia económica de la isla con relación a Venezuela es absoluta. Si en los años 90 la capacidad de consumo de los cubanos se redujo en un 40 o 50%, ahora sería peor. Sobrevendría una etapa de hambruna.

¿Por qué Hugo Chávez subsidia a Cuba de una forma tan desmedida, si se sabe que en Venezuela hay una falta crónica de recursos, pese a los ingresos enormes que produce la exportación de petróleo?

Los dos Gobiernos se necesitan. Para los Castro, Venezuela es una vaca de tetas inagotables. Tras el intento de golpe de estado del año 2002, Fidel Castro decidió sostener a Hugo Chávez en el poder a cualquier precio, para poder fagocitar los enormes recursos económicos venezolanos. A Hugo Chávez, en cambio, Cuba le aporta la inteligencia militar que le permite sostenerse en el poder. El Ministerio del Interior de Cuba ha montado un enorme aparato de investigación que mantiene bajo la lupa a todos los oficiales de las Fuerzas Armadas venezolanas, a sus familias, a los políticos y a los funcionarios importantes. La manipulación electrónica de los resultados electorales se hace desde Cuba, donde existe una notable Universidad de Ciencias de la Información, edificada en el mismo sitio en el que hasta el 2001 estuvieron las instalaciones de la base soviética de espionaje Lourdes, antigua sede de Torrens, una prisión de menores que conocí bien porque allí estuve preso cuando era un adolescente. Hace bastante tiempo que los dos países están unidos por la fibra óptica, capaz de transmitir un gran volumen de datos. Los fraudes se cometen en Cuba para evitar las indiscreciones de los venezolanos. La insistencia en la utilización de máquinas electrónicas para votar se debe a que pueden alterar los resultados, como demuestra el libro Los secretos del referéndum revocatorio de 2004, escrito por científicos y técnicos de primer rango.

Chávez sólo confía en los cubanos. Asimismo, los estrategas de la policía cubana elaboran los planes políticos y construyen los guiones represivos para mantener con vida a su principal y casi única fuente de ingresos. Esto se vio claramente tras la detención del ingeniero Alejandro Peña Esclusa. La inteligencia cubana quería eliminarle del panorama político porque estaba siendo muy eficaz en el terreno internacional. Sin ningún recato, sólo con el testimonio de un curioso personaje que, aparentemente, está preso en Cuba, inventó una historia increíble de terrorismo para encarcelarle. Casi todos los presos políticos que hay en Venezuela, empezando por el general Baduel, están presos como consecuencia de investigaciones, cálculos y recomendaciones cubanas.

¿Corre riesgos Cuba al poner todos los huevos en la canasta venezolana?

Por supuesto, corre unos terribles riesgos, que Raúl Castro no ignora, pero siente que no tiene otra opción que continuar enquistado en el presupuesto venezolano.

Las dos veces que Raúl Castro ha viajado a Angola lo ha hecho para buscar otro aliado económico capaz de suministrar petróleo en un momento de crisis y de absorber unos cuantos millares de profesionales, que pudieran ser alquilados en África por el Gobierno cubano en caso de que fallara Venezuela. Hasta el siglo XIX, Cuba fue una potencia negrera. Ahora, a su manera, sigue siéndolo. El papel que antes desempeñaban los esclavos negros hoy lo desempeñan los profesionales cubanos, especialmente los del sector de la medicina.

Tras sus dos viajes a Angola, Raúl Castro comprobó que los subsidios y las ayudas de Venezuela no tienen sustituto. El Gobierno de Angola no necesita del Ministerio del Interior de Cuba para sobrevivir.

¿Teme el Gobierno cubano que Hugo Chávez pierda el poder?

Es lo que más teme, pero no lo descarta. Los analistas del Gobierno cubano situados en Venezuela han notificado a La Habana que el apoyo al chavismo es cada vez más precario. Han advertido de que Chávez está en franca minoría y su prestigio va cayendo en picada. Parte de ese sombrío análisis es lo que precipitadamente comunicó Fidel Castro a Hugo Chávez durante la última visita del venezolano a Cuba. La información que tiene La Habana sobre las próximas elecciones al Parlamento venezolano revela que la oposición tiene una ventaja sustancial.

¿Aceptaría Cuba una derrota de Chávez y, eventualmente, su salida del poder?

El Gobierno cubano haría cualquier cosa por tratar de impedir que eso sucediera. Eso incluye el fraude electoral, la intimidación de opositores, lo que sea. Pero Raúl Castro, con gran realismo, también sabe que, en última instancia, su policía política no puede controlar la voluntad de millones de venezolanos como hace con los cubanos. Por eso existen planes de contingencia para evacuar a los cubanos en caso de que el chavismo pierda el poder. Primero los concentrarían en un punto, quizás en la isla La Orchilla, y de ahí serían trasladados a Cuba por barco. Sería un pequeño Dunkerque, aquel sitio de la costa continental donde los ingleses reunieron a parte de su ejército para embarcarlo rumbo a Inglaterra tras una victoria de los alemanes.

Naturalmente, la forma de ese traslado dependerá de las circunstancias en que desaparezca el chavismo. Si es un desenlace violento, algo que hoy no parece probable, los militares cubanos desempeñarán un rol importante y activo, pero saben que su participación en el conflicto puede exacerbar el creciente sentimiento anticubano que hay en el país.

¿Qué piensan los militares cubanos de los militares venezolanos?

Piensan lo mismo que creían de los militares angoleños durante las guerras africanas: que son incompetentes, corruptos, indolentes y poco fiables. Es probable que todos los ejércitos de ocupación tengan este tipo de percepción acerca de los militares de los países que ocupan. Hace poco leía una descripción de la visión que tenían los ingleses de los militares hindúes en la época de la colonia: era la misma que hoy tienen los militares cubanos de sus colegas venezolanos. Se ríen con ellos, porque los encuentran simpáticos, pero también se ríen de ellos. Los desprecian como militares.

¿Aprecia Raúl Castro a Hugo Chávez?

No. Raúl Castro ni siquiera se explica por qué su hermano Fidel sí valora al teniente coronel. Raúl Castro necesita a Hugo Chávez, pero no le quiere. Le parece un payaso. Le da vergüenza ajena. Parte de su afán de encontrar créditos en Estados Unidos, si se elimina esa restricción financiera del embargo, o de propiciar el turismo americano hacia la isla obedece a su afán de no depender de una manera tan decisiva de una persona por la que no siente el menor respeto, de cuya inteligencia y valor personal sospecha, y de cuyo destino final tiene grandes dudas.

¿Comparte Raúl Castro el proyecto de ALBA y los planes de expansión del socialismo del siglo XXI, que Hugo Chávez defiende constantemente?

Raúl Castro acompaña esos planes porque no le queda más remedio, pero no los comparte. En su análisis, Cuba ya pasó por esa experiencia imperial durante los primeros 30 años de revolución. En el camino quedaron miles de cubanos en los cementerios africanos, otros murieron en diversas aventuras radicales, y ninguno de esos sacrificios ha servido para mejorar la calidad de vida del pueblo cubano. Por el contrario: la isla se ha desangrado tratando de lograr objetivos políticos inalcanzables. Raúl Castro está de regreso de todas esas utopías juveniles. No es el caso de Fidel, que ni olvida, ni madura ni aprende. Incluso, hoy, que tiene que gobernar, está bastante decepcionado con las imprudencias de su hermano.

¿Qué rol desempeña Irán en la alianza entre Cuba y Venezuela?

Son dos perspectivas diferentes. Hugo Chávez ve a Irán como un aliado frente a Estados Unidos. No necesita el petróleo iraní ni los recursos de Teherán. Su alianza con Ahmadineyad le proporciona una proyección internacional que, claro, valora. Además, la posibilidad de que Irán se convierta en una potencia nuclear con ayuda económica venezolana la percibe como una oportunidad de contar algún día con armas nucleares.

Sin duda, ha escuchado muchas veces a Fidel Castro que la única protección real contra “una agresión del imperio norteamericano” es la tenencia de armas atómicas. Por eso ha jugado imprudentemente la carta iraní. Carta que incluye el antisemitismo, los ataques a Israel, la alianza con Hezbolá, con Hamás y con cualquier grupo extremista que despliegue una política antioccidental. Para Raúl Castro, en cambio, Irán es sólo una fuente potencial de ayuda económica, pero no le hace muy feliz introducir a Cuba en un conflicto que puede derivar en una guerra imprevisible y agriar las relaciones entre La Habana y Washington. Sin embargo, su dependencia económica de Venezuela y las múltiples carencias de Cuba hacen que se mantenga firmemente vinculado a una alianza que le resulta peligrosa y de la que no está convencido.

NOTA: Este texto es una versión editada de la conferencia que CARLOS ALBERTO MONTANER preparó los días pasados a petición de la Fundación Educativa Carlos M. Castañeda, Herencia Cultural Cubana y el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami.

Voy a compartir con ustedes, resumidas, varias conversaciones interesantes que he sostenido con diplomáticos acreditados en Cuba y en Venezuela, con empresarios extranjeros que viajan a los dos países frecuentemente y mantienen relaciones con funcionarios de alto nivel de uno y otro régimen, y con familiares de miembros de las nomenclaturas cubana y venezolana.

También, claro, me voy a servir de informaciones suministradas por cubanos que trabajaron (y en algunos casos trabajan) en Venezuela en puestos de gran responsabilidad por cuenta del Gobierno de Raúl Castro. Como quiero además homenajear a Carlos Castañeda –el más completo y eficaz periodista que haya tenido Cuba–, voy a volcar esta información en forma de preguntas y respuestas, la clásica fórmula de la entrevista periodística. Siguen, pues, diez preguntas que involucran a ambos países, con sus correspondientes respuestas.

¿Por qué, pese a la ayuda venezolana, la situación financiera de Cuba es tan mala y el Gobierno no cumple con los compromisos económicos establecidos con los empresarios radicados en la isla?

Cuba tiene una base productiva raquítica. El país produce muy poco y apenas exporta. El valor de lo que produce es mucho menor que el costo mínimo de lo que debe consumir para mantenerse de una manera razonable. Esa diferencia entre lo que produce y lo que consume suele solventarla con créditos que no paga o con los subsidios que recibe del exterior. Como consecuencia de estos incumplimientos, cada cierto tiempo tiene que llegar a arreglos con organismos internacionales a los que resulta muy oneroso engañar. De manera que, cuando se vencen los plazos de pago y el país tiene que afrontar esas grandes deudas, inevitablemente llega el momento en que deja de pagar a los empresarios locales o se apodera de los depósitos en divisas que hay (o había) en la banca local.

Desde hace casi un par de años estamos en uno de esos períodos de absoluta falta de liquidez. Pero las consecuencias de incumplir con los empresarios extranjeros locales o con los pocos exportadores que han extendido crédito a Cuba son muy severas. Quienes ya están en Cuba lamentan haber caído en la trampa. Quienes son invitados a invertir se lo piensan cuidadosamente, porque ya saben lo que les espera. Venezuela no puede rescatar a Cuba de esta situación.

¿Qué ocurriría si súbitamente desapareciera el subsidio venezolano y Cuba dejara de recibir el petróleo y los petrodólares de Hugo Chávez?

La respuesta a esta pregunta me la dieron con una expresión tajante: “Cuba volvería al Paleolítico. Sería peor que cuando desapareció el subsidio soviético, a principios de los años 90”.

La dependencia económica de la isla con relación a Venezuela es absoluta. Si en los años 90 la capacidad de consumo de los cubanos se redujo en un 40 o 50%, ahora sería peor. Sobrevendría una etapa de hambruna.

¿Por qué Hugo Chávez subsidia a Cuba de una forma tan desmedida, si se sabe que en Venezuela hay una falta crónica de recursos, pese a los ingresos enormes que produce la exportación de petróleo?

Los dos Gobiernos se necesitan. Para los Castro, Venezuela es una vaca de tetas inagotables. Tras el intento de golpe de estado del año 2002, Fidel Castro decidió sostener a Hugo Chávez en el poder a cualquier precio, para poder fagocitar los enormes recursos económicos venezolanos. A Hugo Chávez, en cambio, Cuba le aporta la inteligencia militar que le permite sostenerse en el poder. El Ministerio del Interior de Cuba ha montado un enorme aparato de investigación que mantiene bajo la lupa a todos los oficiales de las Fuerzas Armadas venezolanas, a sus familias, a los políticos y a los funcionarios importantes. La manipulación electrónica de los resultados electorales se hace desde Cuba, donde existe una notable Universidad de Ciencias de la Información, edificada en el mismo sitio en el que hasta el 2001 estuvieron las instalaciones de la base soviética de espionaje Lourdes, antigua sede de Torrens, una prisión de menores que conocí bien porque allí estuve preso cuando era un adolescente. Hace bastante tiempo que los dos países están unidos por la fibra óptica, capaz de transmitir un gran volumen de datos. Los fraudes se cometen en Cuba para evitar las indiscreciones de los venezolanos. La insistencia en la utilización de máquinas electrónicas para votar se debe a que pueden alterar los resultados, como demuestra el libro Los secretos del referéndum revocatorio de 2004, escrito por científicos y técnicos de primer rango.

Chávez sólo confía en los cubanos. Asimismo, los estrategas de la policía cubana elaboran los planes políticos y construyen los guiones represivos para mantener con vida a su principal y casi única fuente de ingresos. Esto se vio claramente tras la detención del ingeniero Alejandro Peña Esclusa. La inteligencia cubana quería eliminarle del panorama político porque estaba siendo muy eficaz en el terreno internacional. Sin ningún recato, sólo con el testimonio de un curioso personaje que, aparentemente, está preso en Cuba, inventó una historia increíble de terrorismo para encarcelarle. Casi todos los presos políticos que hay en Venezuela, empezando por el general Baduel, están presos como consecuencia de investigaciones, cálculos y recomendaciones cubanas.

¿Corre riesgos Cuba al poner todos los huevos en la canasta venezolana?

Por supuesto, corre unos terribles riesgos, que Raúl Castro no ignora, pero siente que no tiene otra opción que continuar enquistado en el presupuesto venezolano.

Las dos veces que Raúl Castro ha viajado a Angola lo ha hecho para buscar otro aliado económico capaz de suministrar petróleo en un momento de crisis y de absorber unos cuantos millares de profesionales, que pudieran ser alquilados en África por el Gobierno cubano en caso de que fallara Venezuela. Hasta el siglo XIX, Cuba fue una potencia negrera. Ahora, a su manera, sigue siéndolo. El papel que antes desempeñaban los esclavos negros hoy lo desempeñan los profesionales cubanos, especialmente los del sector de la medicina.

Tras sus dos viajes a Angola, Raúl Castro comprobó que los subsidios y las ayudas de Venezuela no tienen sustituto. El Gobierno de Angola no necesita del Ministerio del Interior de Cuba para sobrevivir.

¿Teme el Gobierno cubano que Hugo Chávez pierda el poder?

Es lo que más teme, pero no lo descarta. Los analistas del Gobierno cubano situados en Venezuela han notificado a La Habana que el apoyo al chavismo es cada vez más precario. Han advertido de que Chávez está en franca minoría y su prestigio va cayendo en picada. Parte de ese sombrío análisis es lo que precipitadamente comunicó Fidel Castro a Hugo Chávez durante la última visita del venezolano a Cuba. La información que tiene La Habana sobre las próximas elecciones al Parlamento venezolano revela que la oposición tiene una ventaja sustancial.

¿Aceptaría Cuba una derrota de Chávez y, eventualmente, su salida del poder?

El Gobierno cubano haría cualquier cosa por tratar de impedir que eso sucediera. Eso incluye el fraude electoral, la intimidación de opositores, lo que sea. Pero Raúl Castro, con gran realismo, también sabe que, en última instancia, su policía política no puede controlar la voluntad de millones de venezolanos como hace con los cubanos. Por eso existen planes de contingencia para evacuar a los cubanos en caso de que el chavismo pierda el poder. Primero los concentrarían en un punto, quizás en la isla La Orchilla, y de ahí serían trasladados a Cuba por barco. Sería un pequeño Dunkerque, aquel sitio de la costa continental donde los ingleses reunieron a parte de su ejército para embarcarlo rumbo a Inglaterra tras una victoria de los alemanes.

Naturalmente, la forma de ese traslado dependerá de las circunstancias en que desaparezca el chavismo. Si es un desenlace violento, algo que hoy no parece probable, los militares cubanos desempeñarán un rol importante y activo, pero saben que su participación en el conflicto puede exacerbar el creciente sentimiento anticubano que hay en el país.

¿Qué piensan los militares cubanos de los militares venezolanos?

Piensan lo mismo que creían de los militares angoleños durante las guerras africanas: que son incompetentes, corruptos, indolentes y poco fiables. Es probable que todos los ejércitos de ocupación tengan este tipo de percepción acerca de los militares de los países que ocupan. Hace poco leía una descripción de la visión que tenían los ingleses de los militares hindúes en la época de la colonia: era la misma que hoy tienen los militares cubanos de sus colegas venezolanos. Se ríen con ellos, porque los encuentran simpáticos, pero también se ríen de ellos. Los desprecian como militares.

¿Aprecia Raúl Castro a Hugo Chávez?

No. Raúl Castro ni siquiera se explica por qué su hermano Fidel sí valora al teniente coronel. Raúl Castro necesita a Hugo Chávez, pero no le quiere. Le parece un payaso. Le da vergüenza ajena. Parte de su afán de encontrar créditos en Estados Unidos, si se elimina esa restricción financiera del embargo, o de propiciar el turismo americano hacia la isla obedece a su afán de no depender de una manera tan decisiva de una persona por la que no siente el menor respeto, de cuya inteligencia y valor personal sospecha, y de cuyo destino final tiene grandes dudas.

¿Comparte Raúl Castro el proyecto de ALBA y los planes de expansión del socialismo del siglo XXI, que Hugo Chávez defiende constantemente?

Raúl Castro acompaña esos planes porque no le queda más remedio, pero no los comparte. En su análisis, Cuba ya pasó por esa experiencia imperial durante los primeros 30 años de revolución. En el camino quedaron miles de cubanos en los cementerios africanos, otros murieron en diversas aventuras radicales, y ninguno de esos sacrificios ha servido para mejorar la calidad de vida del pueblo cubano. Por el contrario: la isla se ha desangrado tratando de lograr objetivos políticos inalcanzables. Raúl Castro está de regreso de todas esas utopías juveniles. No es el caso de Fidel, que ni olvida, ni madura ni aprende. Incluso, hoy, que tiene que gobernar, está bastante decepcionado con las imprudencias de su hermano.

¿Qué rol desempeña Irán en la alianza entre Cuba y Venezuela?

Son dos perspectivas diferentes. Hugo Chávez ve a Irán como un aliado frente a Estados Unidos. No necesita el petróleo iraní ni los recursos de Teherán. Su alianza con Ahmadineyad le proporciona una proyección internacional que, claro, valora. Además, la posibilidad de que Irán se convierta en una potencia nuclear con ayuda económica venezolana la percibe como una oportunidad de contar algún día con armas nucleares.

Sin duda, ha escuchado muchas veces a Fidel Castro que la única protección real contra “una agresión del imperio norteamericano” es la tenencia de armas atómicas. Por eso ha jugado imprudentemente la carta iraní. Carta que incluye el antisemitismo, los ataques a Israel, la alianza con Hezbolá, con Hamás y con cualquier grupo extremista que despliegue una política antioccidental. Para Raúl Castro, en cambio, Irán es sólo una fuente potencial de ayuda económica, pero no le hace muy feliz introducir a Cuba en un conflicto que puede derivar en una guerra imprevisible y agriar las relaciones entre La Habana y Washington. Sin embargo, su dependencia económica de Venezuela y las múltiples carencias de Cuba hacen que se mantenga firmemente vinculado a una alianza que le resulta peligrosa y de la que no está convencido.

NOTA: Este texto es una versión editada de la conferencia que CARLOS ALBERTO MONTANER preparó los días pasados a petición de la Fundación Educativa Carlos M. Castañeda, Herencia Cultural Cubana y el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami.

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